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Los latinos anabaptistas y su relación con el gobierno estadounidense

Por Jorge Vielman

Los latinos de los Estados Unidos, de acuerdo con el censo del 2000 (US Census Bureau 2000) son más de 35 millones, lo que representa el 12.5 % de toda la población de la nación, sin contar a Puerto Rico donde hay 3.9 millones de habitantes. Para el año 2050 la población latina llegará a 102.6 millones, es decir, el 24% de la población del país.

Nosotros los latinos somos mayoría entre las razas minoritarias de los Estados Unidos. Explicaré las tres áreas en las que los latinos están más relacionados con el gobierno del país: la militar, la migratoria y la económica.

Militar:

Para el gobierno esa cantidad es muy significante, porque 1.1 millones están trabajando ya en el ejército. En el reclutamiento militar los latinos han respondido positivamente, y no porque les guste ir a pelear a la guerra sino porque lo ven como una oportunidad de ser alguien en este país y como una posibilidad de arreglar su estatus de inmigrantes.

Como anabaptistas estamos llamados a vivir la paz y justicia en nuestra comunidad y en el mundo. Entre las visiones de los primeros anabaptistas estaban el amor y la no-resistencia. Esto significa un abandono total de la guerra, de la violencia y de matar. Como dijo Conrad Grebel en 1524, "Los verdaderos cristianos no usan la espada ni se involucran a la guerra, puesto que entre ellos el quitar la vida humana ha cesado completamente, porque ya no estamos bajo el Antiguo Pacto… el evangelio y aquellos que lo aceptan no deben ser defendidos con la espada ni ellos deben protegerse de esta manera"

Ser latino anabaptista representa un reto en este siglo; tenemos que volver a ser creativos y estar a la vanguardia de nuestros tiempos, ya que los tiempos son difíciles

Por más de un siglo Estados Unidos, ha estado en guerra con todo el mundo.

Lamentablemente, el gobierno habla de libertad y democracia para justificar la guerra. Pero usted debe saber que para muchas naciones del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24.000 personas por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la libertad, ni la democracia, sino que se considera un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, temor y destrucción. Las injusticias y los conflictos bélicos siempre ocurren lejos de usted, pero para quienes viven allá en Irak, y en países latinoamericanos, son una realidad dolorosamente cercana. En una guerra los edificios se desploman bajo las bombas y la gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, mujeres, civiles, ancianos y niños.

¿Qué significa vivir en el país más injusto y conflictivo del mundo? Y aun más como anabaptistas, ¿qué estamos llamados a ser? Hay muchos que hemos sido transformados por la sangre de Jesucristo, y como dijo Menno Simons, los cristianos anabaptistas no van a la guerra ni se involucran en luchas sino más bien han convertido sus espadas en arados y sus lanzas en azadones.

¿Qué siente cuando el horror golpea a su puerta aunque sea por un sólo día? ¿Qué pensó cuando las víctimas del 11 de septiembre resultaron ser secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron a nadie? Septiembre 11 cambió la vida estadounidense, no para mejor sino para peor y es desde entonces que se ha derramado y aplicado la injusticia en las leyes del país.

Migratoria:

Todos hemos sido inmigrantes en este país, con excepción de los indígenas. Muchos llegaron por razones humanitarias, religiosas o de persecución. Los que hemos tenido la oportunidad de conocer otros países hemos sido impactados por la cordial bienvenida que nos fue dada. Estuve en Canadá donde fui bien recibido por la mayoría de los ciudadanos, con pocas excepciones, y al visitar la América Latina la experiencia ha sido muy buena y la bienvenida muy cálida y amistosa. Como dice la Palabra, en esta tierra solo hemos de ser peregrinos, porque nuestra patria está más allá, donde no hay guerra ni injusticia, y donde todos son vistos como iguales a los ojos de Dios.

En los Estados Unidos otra ha sido la historia ya que somos vistos como una amenaza para la sociedad. Un compañero blanco nos consideraba como un peligro para el futuro, ya que -según dijo- la comunidad latina podría un día levantarse en una revolución. El compañero no fue muy específico, ya que no aclaró si era un levantarse en armas o en forma pacífica denunciando la injusticia y la opresión. En la asamblea de la Iglesia Menonita USA en Atlanta 2003 se aprobó una declaración que dice que la Iglesia Menonita está a favor de los inmigrantes. Sin embargo, entre las nuevas leyes que están por aprobarse, hay una, por ejemplo la HB1386, de Indiana, que es una ley en contra de los inmigrantes y no tiene ninguna justificación, sino que se basa en una falsa presunción.

Esta ley se aplica a los inmigrantes que no tienen papeles americanos. Yo creo que el gobierno se ha beneficiado con estas personas. Es la gente más indefensa y la menos defendida. Yo creo que los apelativos inmigrante, ilegal, extranjero, desplazado, refugiado e indocumentado, son injustos y criminalizan al ser humano, sin tomar en cuenta que son desprotegidos. Antes no existían fronteras. Los corruptos, los egoístas, inventaron ese concepto. Los legisladores americanos han decidido levantar murallas en sus fronteras y no recibir al indefenso y al desamparado. Este acto me hace sentir confundido. Este país se considera cristiano, pero como vemos sus leyes de inmigración no lo son. Yo aprecio el valor que tienen algunas personas y organizaciones no gubernamentales para ayudar al inmigrante desprotegido. Creo que el pueblo sufrido y oprimido merece una palabra de disculpa por parte del gobierno americano, que en muchas formas se ha beneficiado de los talentos y del trabajo que cada inmigrante trae al país.

Las siete acciones que el documento de Atlanta 2003 sugería que adoptemos como iglesias para dar la bienvenida a los inmigrantes desprotegidos pasarían a ser ilegales frente las nuevas leyes de inmigración. El reto para los anabaptistas en los años 1524 se repite en el siglo 20, y es muy claro: es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:29). Esta es una situación en la que no podemos obedecer a ambos, sino que tenemos que decidir obedecer a Dios y confiar en su palabra. En este momento en la historia podemos ser profetas a la manera de los mártires, ya que las consecuencias de actuar como cristianos son difíciles de llevar. Pero si estamos convencidos del poder de Dios obrando en nosotros podemos confiar que la justicia, la paz y la bondad prevalecerán.

Económica:

El presupuesto de una familia latina es de $32,997.00 anuales según el censo del año 2000. Como vemos las familias latinas vienen a este país para trabajar duro y para engrandecer y enriquecer esta economía. Estos trabajadores reciben los pagos más bajos y toman los trabajos que a otros ciudadanos no les gusta hacer. Algunas veces trabajan muchas horas en condiciones no muy buenas y muy peligrosas para sostener a sus familias. Las familias de inmigrantes desprotegidos son tratadas cada vez más como personas invisibles, ya que sus necesidades no son tenidas en cuenta en las nuevas leyes que se crean en el congreso. Estas familias pagan sus impuestos y ayudan a otros programas sociales que ellos mismos nunca recibirán por su posición desprotegida. El inmigrante desprotegido contribuye con millones de dólares cada año. Un ejemplo claro son los millones que tiene la oficina de finanzas de la nación que no han sido reclamados. Vienen de los inmigrantes desamparados, que no los pueden reclamar. Si fueran de ciudadanos legales ya los habrían reclamado.

Conclusión:

La comunidad latina ha enriquecido a esta sociedad en lo militar, en lo migratorio y en lo económico. Estados Unidos es un país hermoso, con tantas posibilidades, donde se puede encontrar representantes de todas las razas del mundo, donde hay libertad para trabajar para el Reino de Dios cada día y Dios camina entre nosotros.

Pero la población desprotegida busca ser aceptada por medio del servicio militar, trabajando muchas horas aunque sepa que cuando llegue a la vejez no podrá disfrutar de una pensión para descansar de su arduo trabajo.

Doy gracias a Dios por la fe sólida y buena reputación de los anabaptistas del siglo 16. La iglesia anabaptista tiene hoy un reto. Ahora llegó nuestro turno de apoyar al inmigrante desamparado e indefenso. Frente a esta injusticia pido a mis hermanos de todas las razas a que se unan para trabajar por leyes más justas, y a Dios que venga su Reino pronto.


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